Dom. Mar 3rd, 2024

La economía entró en 2023 con una pregunta clave sobrevolando la escena: ¿serían capaces los bancos centrales de doblegar la subida de los precios sin causar un profundo daño a la actividad? La respuesta, doce meses después, es afirmativa con cautelas. Sí, se pudo. No hubo recesión, el empleo alcanzó cotas nunca vistas en buena parte de Occidente, España incluida, y la inflación se acerca a los niveles deseados, si bien aún es prematuro anunciar que ha sido vencida. Tampoco puede decirse que la política del BCE haya sido inocua. El encarecimiento de las hipotecas ha causado dolor a muchas familias, y aunque Europa crece, se asoma a una ralentización que la aleja de las previsiones de crecimiento de China y EE UU, sus grandes competidores.

En el ámbito empresarial, contra todo pronóstico ha sido un gran año para los mercados bursátiles, y destaca la potente irrupción de dos empresas casi desconocidas al empezar el curso: Novo Nordisk y sus revolucionarios medicamentos contra la obesidad, y Nvidia y sus sofisticados chips para inteligencia artificial, la tecnología de moda, llamada a cambiarlo todo. También para el turismo español, que coquetea con sus récords históricos, y para la banca, que ha vuelto a batirlos gracias a los altos tipos de interés. No todo han sido vino y rosas: los alimentos han continuado encareciendo la cesta de la compra con fuerza, con las subidas del aceite de oliva como protagonista, y el derrumbe inmobiliario chino hizo saltar unas alarmas que de momento no han derivado en una crisis global. Estos son algunos de los acontecimientos que han marcado el año económico en 2023.

Récord de empleo. 2023 ha sido un muy buen año para el mercado laboral español. Se ha alcanzado un máximo inédito de trabajadores, por encima de los 21,26 millones según la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre. Son 720.200 empleados más que el año anterior. En la misma línea, la tasa de paro alcanzó su nivel más bajo desde 2008. En el segundo trimestre fue del 11,6% (en el tercero repuntó dos décimas). La temporalidad sigue cayendo, una tendencia que inició la reforma laboral aprobada a finales de 2021. Entonces el 26% de los contratos eran temporales, en 2022 cayó a un 20,2% y ahora es un 17,3%. Y casi toda esa temporalidad se concentra en el sector público, donde alcanza un 29,8%, frente al 14,2% en las empresas privadas. También cabe destacar el impulso de las actividades de alto valor añadido y del sector público en la ocupación, hay más mujeres empleadas que nunca, la proporción de empleados extranjeros también va al alza, crece la población activa y la parcialidad sigue igual, con una ligerísima reducción del 12,76% de 2022 al 12,59% en 2023.

Lo que no mejoran son los salarios. La evolución de las retribuciones y de la inflación camina en armonía en 2023, con un crecimiento en torno al 4%. Es decir, el poder adquisitivo se queda como está. Esto es una buena noticia si se compara con el panorama del año anterior, cuando los trabajadores perdieron más de cinco puntos de poder de compra. El escenario es bastante mejor para los pensionistas, a los que sí se les aplicó un incremento similar a la evolución de la inflación, ligeramente por encima del 8%. De cara a 2024 su poder adquisitivo sigue resistiendo, con un incremento general del 3,8%.

El fin del repunte de tipos. Después de acometer la mayor subida de tipos de su historia, el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto punto final a la escalada. La rápida bajada de la inflación en la zona euro, que va acercándose al objetivo del 2% antes de lo previsto, ha llevado a los miembros del consejo a adelantar que es improbable que haya nuevos incrementos en los próximos meses. La jefa del BCE, Christine Lagarde, se resiste a cantar victoria y advierte de que mantendrá los tipos en un nivel elevado el tiempo que sea necesario. Sin embargo, los mercados ignoran esos avisos y barruntan incluso bajadas a partir de primavera ante la amenaza de una recesión que finalmente pueda afectar al mercado laboral y la estabilidad financiera. Así lo reflejan el euríbor y los mercados de deuda pública, que empieza a dar menores rendimientos. Deutsche Bank, por ejemplo, prevé que el BCE rebaje los tipos de interés hasta 150 puntos básicos el año que viene, quedándose en el 3%. Los halcones, aun así, podrían pedir una contrapartida a esas rebajas: reducir con una mayor velocidad el balance del conjunto de los bancos centrales de la UE.

Un crecimiento débil en Europa. La abrupta subida de los tipos de interés está pasando factura a la zona euro. Los países de la moneda única cerrarán el año con un exiguo crecimiento de entre el 0,7% y el 0,9%, según las instituciones internacionales. La bajada de la inflación, en especial si es más rápida de lo previsto, debe servir para dar un alivio a los bolsillos de los ciudadanos e impulsar el consumo privado. Y ese debe compensar la reducción del gasto público que se espera por los primeros ajustes presupuestarios y la debilidad de las exportaciones por la caída del comercio mundial. Las previsiones para 2024 indican que la zona euro crecerá apenas unas décimas más que este año, lastrada todavía por una locomotora alemana que sigue sin arrancar (se expandirá un 0,9%, según el FMI) y unos raquíticos crecimientos en Francia (+1,3%) e Italia (+0,7%). España (+1,7%) seguirá siendo uno de los motores de la zona euro, aunque se ralentizará respecto a 2023.

El turismo, un sector a prueba de inflación. Viajar se ha convertido en una prioridad. Ni la desaceleración económica ni el golpe que ha supuesto para los hogares la inflación y la subida de las hipotecas han logrado truncar las buenas expectativas para 2023. Este invierno se espera un récord en ocupación hotelera que anticipa un conjunto del año histórico, al mismo nivel o superior al registrado en 2019, cuando llegaron 83,7 millones de turistas extranjeros.

Los expertos coinciden en que muchos ciudadanos prefieren gastar sus ahorros en unas vacaciones a renovar el coche o el lavavajillas. Y eso a pesar de que los precios se han disparado. La tarifa media diaria por habitación ha crecido un 26% desde 2019. El sector argumenta que no todo ese incremento se traslada al beneficio neto, ya que sus costes se han incrementado en los últimos dos años.

Lo cierto es que el turismo se ha convertido en uno de los motores de crecimiento de la economía española y a lo largo de 2023 no ha dado signos de agotamiento. Según Exceltur, que agrupa a las grandes empresas turísticas, la actividad supuso el 61% del incremento del PIB en 2022. El sector ya supone más del 12% de la economía española, niveles cercanos al año anterior a la pandemia que hundió el negocio de los viajes. Y todo apunta a que la tendencia se consolidará en 2023.

La cesta de la compra sigue subiendo. Los tiempos de los alimentos baratos son cada vez más difíciles de recordar. Durante un año y medio, la subida media de los precios ha sido superior al 10%; hasta octubre pasado, cuando se moderó el avance por debajo de los dos dígitos (aunque siguieron subiendo un 9,5% en octubre y 9% en noviembre respecto al mismo mes del año pasado). Si en 2022 los incrementos de precios se cebaron con los cereales y el aceite de girasol, este año el gran protagonista ha sido el aceite de oliva, que ha sido el alimento que más ha subido en 2023, un 54%, seguido de la fruta fresca (15,2%), los productos de confitería (14,5%) y las legumbres y hortalizas frescas (14,2%).

A los devastadores efectos de la invasión de Ucrania (carestía de cereales y encarecimiento histórico de la energía), este año se ha unido la pertinaz sequía. La falta de agua ha afectado sobre todo al aceite de oliva, cuya producción se ha desplomado a la mitad este año y también el anterior.

La moderación de los últimos meses apunta a una mejora de la tendencia de los precios de los alimentos, aunque los expertos advierten de que el camino para recuperar la normalidad será lento y que, en cualquier caso, se prevé que el nivel de precios nunca vuelva a ser tan asequible como antes.

Energía: adiós a la crisis. Tras muchas idas, vueltas y giros inesperados de guion, la mayor crisis energética de la historia en el Viejo Continente por fin remite. El gas natural, el mejor indicador de cómo van las cosas, ronda los 35 euros por megavatio hora, frente a los 90 de hace un año y los más de 300 del verano pasado. Una caída que se ha traducido, también, en un notable descenso en el precio de la luz en los principales países de Europa. El petróleo, el tercer eslabón —y el que más impacto tiene sobre la inflación y, por tanto, sobre el hacer de los bancos centrales—, ha dejado atrás el fantasma de los 100 dólares por barril que sacudió el mercado en los últimos días del verano y los primeros del otoño para asentarse en el entorno de los 80 billetes verdes. En 2024, será decisivo lo que decida el Gobierno la semana próxima sobre el mantenimiento de las ayudas públicas a la energía y el transporte.

El inmobiliario se acerca al cambio de ciclo. El sector inmobiliario se dio un festín en 2022 (el mejor año desde 2007) y en este 2023 ha vivido de los restos. Estos no han sido desdeñables: el arreón de compraventas de vivienda tras la fase más aguda de la pandemia fue tan fuerte que el mercado sigue manteniendo índices de actividad similares, o incluso superiores, a los de 2019. Pero eso no ha evitado la sensación de evidente cambio de ciclo. Conforme ha evolucionado el ejercicio, las caídas en las compras se han ido ensanchando. Si en febrero y marzo el retroceso rondaba el 6%, en verano se acercó al 25%, aunque en los últimos datos las caídas han vuelto a atenuarse. La duda ahora es en qué nivel se estabilizará el mercado. Por encima de la marca de 40.000 ventas al mes (como ha pasado hasta ahora) el sector se dará por satisfecho. Es un listón del que no se ha bajado desde noviembre de 2020.

Más acusada ha sido la caída en la concesión de hipotecas, con contracciones por encima del 20% en la recta final del ejercicio. Y además, con menores importes, pese a que la estadística oficial señala que las casas siguen encareciéndose. Es decir, que los compradores que pueden permitírselo, aunque tiran más de ahorros ante el evidente encarecimiento de la financiación. El euríbor empezó el año en el 3%, llegó a superar el 4% y en diciembre está sorprendiendo con una rápida bajada hasta el entorno del 3,7%. Pero las hipotecas variables se han encarecido de media en dos años en unos 300 euros al mes, una pesada losa para muchas familias que además soportan el mayor coste de vida provocado por la inflación general. Y un tapón para muchos de quienes aspiran a tener una casa propia.

El gran negocio de la inteligencia artificial. La inteligencia artificial cotiza al alza. Las grandes tecnológicas se han subido a esa ola para lograr ingresos y beneficios récord a lo largo de 2023. Microsoft ha tomado la delantera gracias a su alianza con OpenAI, que sufrió una sacudida en noviembre. El consejo destituyó a Sam Altman como jefe de la firma que ha popularizado la inteligencia artificial generativa de la mano de su ChatGPT. Tras cinco días de tensiones, Altman, cara visible de la nueva tecnología, volvió en medio de las presiones de inversores y empleados, que tenían poderosos incentivos para su regreso.

El resto de las Big Tech también ha hecho ya de la inteligencia artificial un gran negocio. Meta la usa para optimizar el uso de sus redes sociales y la publicidad; Alphabet está integrando su asistente Bard en sus servicios y haciendo pruebas en Google, su buscador; Apple la tiene integrada en muchos de sus servicios, y Amazon le saca jugo en varios frentes, del reparto a la computación en la nube. Nvidia entró en abril de 2023 en el selecto club de las empresas que valen más de un billón de dólares gracias a la creciente demanda de sus microprocesadores de gran potencia.

Novo Nordisk, empresa del año. Dos mastodontes empresariales se disputan el cetro de empresa del año: la estadounidense Nvidia, el fabricante de chips que —gracias a su buena posición para aprovechar la ola de la inteligencia artificial— lidera la tabla de subidas en la Bolsa estadounidense, y Novo Nordisk, la farmacéutica danesa dueña de los dos fármacos que más efectivos se han mostrado contra la obesidad. Ozempic y Wegovy son los responsables de un doble milagro: dar una solución a los pacientes y, a la vez, situar a la firma escandinava en un escalafón en el que nunca estuvo y en el que, en realidad, nunca se imaginó. La compañía con sede en Bagsværd (un suburbio acomodado de Copenhague) se ha convertido en la cotizada más valiosa de Europa, superando al hasta ahora todopoderoso conglomerado francés del lujo LVMH (propietario de Louis Vuitton, Givenchy, Loewe o Bvulgari). Tras ese hito, conseguido a principios de septiembre, la brecha de valoración entre ambas ha ido claramente a más: 406.000 millones de euros, frente a 375.000. Si para Science los medicamentos contra la obesidad son el avance científico del año, para los inversores europeos el nombre empresarial del año es Novo. De largo.

China resiste con estímulos públicos. Después de desenchufarse del resto del mundo y de vivir disrupciones y macroconfinamientos, el motor de la potencia asiática ha vuelto a encenderse en 2023, pero no al ritmo esperado. El liderazgo comunista fijó en marzo un objetivo de crecimiento de en torno al 5%: la propuesta más baja en años, aunque el el FMI coincide en el pronóstico. Uno de los problemas centrales es la confianza. El consumo interno no ha revivido del todo. Y mucho tiene que ver con el sector inmobiliario, que acumula meses de caídas en las ventas, los precios y los inicios de obras, y cuyo peso en la riqueza de las familias ronda el 60%. Durante el verano llovieron las negras noticias económicas: caídas en las exportaciones, paro juvenil, precios en terreno negativo, el gigante inmobiliario Evergrande se acogió en EE UU a la Ley de Quiebras… Pekín entendió que debía tomar cartas en el asunto, y en la segunda mitad del año ha puesto en marcha medidas de estímulo para estabilizar la economía: desde facilidades a la compra de vivienda a una emisión de bonos soberanos de 1 billón de yuanes (unos 128,350 millones de euros) para aliviar la deuda de los Gobierno locales, cuyas arcas sin liquidez amenazan con convertirse en otro quebradero de cabeza.

Telefónica, entre Arabia y Moncloa. La principal teleco española vivió en 2023 dos movimientos sísmicos que, a buen seguro, tendrán sus réplicas a lo largo del próximo año. El epicentro del terremoto fue el anuncio sin previo aviso el pasado 5 de septiembre de Saudi Telecom Company (STC), la operadora estatal saudí, de la compra del 4,9% del capital con opción a otro 5%. El movimiento pilló por sorpresa tanto al consejo de administración de Telefónica como al Gobierno, que debía dar luz verde para que los saudíes completen la toma del 9,9%. Ante la ambigüedad del grupo saudí sobre sus planes futuros en la multinacional española, el Ejecutivo dio un golpe encima de la mesa y el pasado martes aprobó que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), el brazo industrial del Estado, adquiera hasta un 10% de Telefónica, con un coste de alrededor de 2.000 millones de euros. El Ejecutivo ha justificado la operación por el carácter estratégico de la multinacional española, los contratos que mantiene en el área de defensa y la “estabilidad accionarial”. Se trata de frenar cualquier tentación de STC de hacerse con el control de Telefónica, para lo que ya hay contactos para conformar un núcleo estable de accionistas españoles en el que estaría la SEPI, el BBVA y La Caixa.

Ferrovial se marcha de España. Nunca una junta general de accionistas de una empresa española tuvo tanta expectación mediática. El 13 de abril, los accionistas de Ferrovial por abrumadora mayoría daban luz verde al traslado de la sede fiscal de la compañía desde Madrid a Ámsterdam. Oficialmente, la causa no fue la fiscalidad más baja de Países Bajos, sino cotizar en la Bolsa de Ámsterdam y finalmente en la de Nueva York para dar más visibilidad a la compañía de cara a los inversores internacionales. Pero el Gobierno interpretó desde el principio el movimiento como un desafío y el lanzamiento de un aviso a otros inversores de que España no era un país confiable jurídicamente. Tras una guerra más epistolar que normativa o judicial, las aguas volvieron a su cauce. Ferrovial completó su mudanza, pero apenas mueve capital en la bolsa holandesa y aún no ha dado el salto a Wall Street. Pese a las declaraciones de algún máximo ejecutivo de corporaciones como Repsol o Mercadona amenazando con trasladar sus inversiones por la política impositiva, ninguna otra gran empresa ha seguido su ejemplo.

Nuevo récord en 2023 para la banca, más dudas para 2024. La gran banca española cierra un ejercicio récord. Otro más. Tras un 2022 histórico, impulsado por las alzas de tipos de interés del BCE, este año han aflorado todavía con más fuerza los ingresos. Hasta final de septiembre, las seis entidades cotizadas (CaixaBank, el Santander, el BBVA, Banco Sabadell, Bankinter y Unicaja) ganaron 19.760 millones de euros, casi un 25% más. Y eso a pesar de haber tenido que abonar más de 1.100 millones por el impuesto extraordinario al sector. Para el año que viene existen más incertidumbres. Por un lado, la banca ya ha recogido la mayor parte de la actualización de las cuotas de los préstamos a tipo variable (alrededor del 70% del mercado hipotecario). A lo que se suma la presión del coste de los depósitos, que crece de forma lenta pero con una tendencia alcista. Queda por ver qué ocurre con la economía y con el empleo, claves para la evolución de la morosidad. Y un nuevo pago de la tasa temporal, que será superior al de este ejercicio por el incremento del margen de intereses (+50%).

Eso sí, para afrontar estos compromisos, el sector financiero español cuenta con más margen: además de la parte que queda por trasladar a los préstamos, los bancos no deberán abonar la aportación anual ni al Fondo de Garantía de Depósitos ni al Fondo Único de Resolución, unos 2.500 millones para tratar de contrarrestar los nubarrones que se avecinan en 2024.

Nuevos tributos controvertidos. Los impuestos extraordinarios a banca, energéticas y grandes fortunas han supuesto una de las mayores novedades del ejercicio y a la vez han sido uno de los grandes focos de polémica en materia fiscal. Aprobados en diciembre de 2022 entre las críticas de la oposición, los Gobiernos regionales y las compañías afectadas, causaron recelo tanto por su tramitación, a través de una proposición de ley –y con el tributo a los ricos introducido como enmienda–, como por su configuración. En primer lugar, los gravámenes a los sectores empresariales se aplican a los ingresos y no a los beneficios –aunque el Ejecutivo los impulsó alegando las ganancias extraordinarias obtenidas por las subidas de tipos y la crisis energética-; la tasa a los millonarios se solapa con el impuesto sobre el patrimonio, competencia de las comunidades. Además, las tres figuras se plantearon con carácter retroactivo, afectando ya al ejercicio 2022.

Los gravámenes a banca y energéticas recaudaron casi 3.000 millones en su primer año de vigencia, y unos 600 millones el impuesto a las grandes fortunas. Aunque se diseñaron solo para dos ejercicios, la misma norma que los alumbró establece que se evaluarían al finalizar su vigencia. Este compromiso ha sido reforzado por el acuerdo entre PSOE y Sumar, por el cual los impuestos a las entidades financieras y energéticas se revisarán “con el objetivo de readaptarlos y mantenerlos”, mientras que la tasa a las grandes fortunas irá vinculada a la reforma del sistema de financiación.

El Ejecutivo ha asegurado que ya trabaja en la modificación del gravamen a la energía para tener en cuenta las inversiones verdes. No está previsto que se anuncien más detalles al respecto antes de que termine el año, aunque fuentes gubernamentales no lo descartan. En el caso del impuesto a la banca, de momento, no se prevén cambios.

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