Jue. Jun 20th, 2024

El pacto entre Israel y Hamás que ha comenzado a aplicarse este viernes contempla la liberación de 50 rehenes en Gaza y la excarcelación de 150 presos palestinos. Es casi todo lo que saben las familias de unos y otros, lo que deja a muchas —todas las que no han visto a sus familiares liberados en la primera tanda del canje— en la angustia y la incertidumbre. Primero porque las liberaciones son por fases, día por día, siempre y cuando un incumplimiento no dé la tregua al traste. Y, segundo, porque hay más familias y niños afectados que los que marca el acuerdo. Israel ha difundido una lista de 300 potenciales excarcelables, pero solo saldrán todos si se concluye los cuatro días de acuerdo y se prolonga otros tantos. En cuanto a las familias israelíes, apenas 13 podrán abrazar de nuevo esta tarde a sus seres queridos (además de los allegados de los 10 tailandeses y el ciudadano filipino liberados). Al resto solo le queda esperar.

Paola Frishta: “Es muy duro esto. Estaba muy esperanzada de que saliesen mi hermana y las nenas”

En primer plano, Ronen Engel. Atrás, su esposa Karina y sus hijas Mika y Yuval. Fotos publicadas en sus redes sociales

Paola Frishta, de 49 años, llevaba mes y medio intentando, sin mucho éxito, “estar tranquila”, pese a que su hermana Karina Engelbert; su cuñado, Ronen Engel, y dos de sus sobrinas, Mika, de 18 años, y Yuval, de 11, están secuestrados en Gaza. El anuncio el miércoles de un canje de mujeres y menores, en el que entran potencialmente su hermana y sobrinas, y el posterior retraso al viernes del inicio de su aplicación, le ha sumergido en una mezcla de “esperanza” y “nerviosismo” que le impide pegar ojo. No están entre los primeros 13 liberados este viernes, por lo que tendrá que ir lidiando día a día con la incertidumbre y el miedo a que la tregua salte por los aires en cualquier momento. O de que no se prorrogue pasados los cuatro días acordados y no estén entre el medio centenar que contempla. Ronen no saldrá seguro porque es un varón adulto y el pacto solo incluye mujeres y menores.

“No me puedo gestionar ni a mí misma desde el anuncio [del pacto]. Paso todo el día en la casa, encerrada como un león en una jaula. Trato de estar ocupada, hablar con gente. Nada me hace no estar preocupada en estos momentos, ni de día ni de noche. Estaba muy esperanzada de que a lo mejor [Karina] fuese a salir con las niñas, pero es muy duro esto.”, asegura Frishta por teléfono desde Klahim, la comunidad agrícola cooperativa a unos 12 kilómetros de Gaza en la que reside y la que no llegaron el 7 de octubre los hombres armados de Hamás. Sí lo hicieron al kibutz Nir Oz, escenario de una masacre y decenas de secuestros y en donde su hermana se encerró con su familia en la denominada habitación segura mientras escuchaba disparos de fondo. “Yo no quería llamarla mucho para que no sonase el teléfono y la descubriesen, pero una de las veces me dijo que estaba con las nenas y tenía miedo. Le pedí que no saliese. De repente, me dijo: ‘Te corto, están dentro de la casa’. Desde entonces no sé nada de ellas”.

El Ejército les confirmó más adelante que los cuatro están secuestrados en Gaza, donde marca su ubicación el GPS del teléfono móvil. Cree que su hermana no sabe que también lo está su marido, porque este salió antes armado de la casa. Le preocupa la salud de su hermana: acababa de superar un cáncer y justo estaba aún recuperando el pelo que perdió en la quimioterapia. El 30 de octubre tenía que haber pasado la revisión con motivo de un año. “Karina tendría que estar yendo al hospital a una revisión cada meses y en contacto constante con los médicos para seguir la evolución”, lamenta.

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A Paola, con doble nacionalidad argentina-israelí, le corroen también las preguntas: ¿estarán las tres juntas o separadas? ¿cómo estarán de salud? Para lidiar con ellos, se aferra a un pensamiento: “Karina es fuerte. Van a estar bien. Cuando vuelvan, los abrazaremos y cuidaremos”.

Amer Abu Mayaleh: “El acuerdo es una alegría, pero son días difíciles porque no sabemos si mi primo saldrá o no de la cárcel”

Amer Abu Mayaleh, este jueves en su casa de Jerusalén.Antonio Pita

Amer Abu Mayaleh, de 21 años, cierra las puertas y las persianas para hablar de su primo Omar, de 15 años y uno de los 300 de la lista de potenciales presos palestinos excarcelados. No es por miedo. Más bien al revés: en Palestina, los reclusos son vistos como héroes de la causa contra Israel ―sean por delitos de sangre o por llorar los muertos de Gaza en una publicación en Facebook―, además de que pocos clanes familiares no tienen o no han tenido alguien entre rejas. Es por precaución. Cuatro policías israelíes suben, encapuchados y armados con rifles, la calle que da a su humilde casa en Wadi Qadum, en la parte ocupada de Jerusalén y en la falda del Monte de los Olivos a la que no llegan los turistas. “Es algo normal aquí”, cuenta este jueves por la noche, ante lo que prevé horas de insomnio hasta saber si su primo sale o de prisión.

La lista tiene 300 nombres porque podrían acabar saliendo todos de prisión, si se prorroga el acuerdo. Pero el pacto ahora mismo solo marca 150 excarcelaciones en cuatro días (los primeros 39 ya han salido este viernes). “Por un lado, es una alegría, porque significa que puede que salga. Está en la lista. Pero por otro, estos días son difíciles porque no sabemos si lo hará o no. Y hay muchos rumores, que confunden. De forma oficial, nadie nos ha dicho si va a salir o no, así que no hemos preparado nada para festejar en privado porque no lo sabemos”, cuenta en el salón-cocina de su casa. Dice “en privado” porque la policía israelí impedirá las celebraciones. “Si hacemos algo, lo devuelven a la cárcel”. Omar ha cumplido ocho meses de una condena de cuatro años. En el listado difundido por el Ministerio de Justicia aparece acusado principalmente de apoyo al terrorismo, alteración del orden público y daños a la propiedad.

Amer, que cuenta que ha sido interrogado 13 veces, pero nunca encarcelado, sabe que toca armarse de paciencia. “Hemos llegado a esperar quince horas a otros familiares. No en un canje, sino porque terminó su condena”. Y si, al final, no sale, resignarse. “Mira, aquí, en este país [Palestina], estamos acostumbrados. Sabemos que uno u otro acabará en la cárcel”.

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